{"id":393,"date":"2007-01-27T21:51:25","date_gmt":"2007-01-27T21:51:25","guid":{"rendered":"http:\/\/hcastillo.wordpress.com\/2007\/01\/27\/sunes-y-chies"},"modified":"2007-01-27T21:51:25","modified_gmt":"2007-01-27T21:51:25","slug":"sunes-y-chies","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/heccasan.webs.upv.es\/?p=393","title":{"rendered":"Sun\u00edes y chi\u00edes"},"content":{"rendered":"<p>Chi&iacute;: Son una minor&iacute;a: el 15% de los 1.500 millones de musulmanes que hay en el mundo. Pero la creciente afirmaci&oacute;n de Ir&aacute;n como una potencia chi&iacute; en Oriente Medio y su ascenso al poder en Irak parecen haberles devuelto el orgullo tras siglos de represi&oacute;n y desprecio.<\/p>\n<p>&quot;Son otra religi&oacute;n dentro del islam&quot;<\/p>\n<p>No en el dogma. Pero s&iacute; en la doctrina. Tanto chi&iacute;es como sun&iacute;es, pertenezcan a la corriente a la que pertenezcan, creen en la omnipotencia de Al&aacute;, la infalibilidad de Mahoma y en el advenimiento del juicio final. Sin embargo, la doctrina propia desarrollada por los chi&iacute;es, su concepci&oacute;n de la vida y, sobre todo, la jurisprudencia y la interpretaci&oacute;n de los textos sagrados han transformado al chiismo en algo m&aacute;s que una secta del islam.<\/p>\n<p>La escisi&oacute;n en la religi&oacute;n mahometana se remonta a las horas que siguieron a la muerte del profeta sobre las rodillas de su adorada Aisha, un caluroso d&iacute;a del a&ntilde;o 632. El peque&ntilde;o grupo de fieles descubri&oacute; que el enviado de Al&aacute; no hab&iacute;a establecido instrucciones precisas para su sucesi&oacute;n al frente de la comunidad musulmana y el emergente Estado. De la disputa surgi&oacute; un grupo, los sh&iacute;atu Ali (partidarios de Al&iacute;), que reclamaron tal honor para el primo y yerno de Mahoma. El triunfo fue, no obstante, para quienes defend&iacute;an la candidatura de Ab&uacute; Bakr, uno de los primeros conversos y director de la oraci&oacute;n preceptiva de los viernes, que ya actuaba como califa (sucesor) desde que el profeta enfermara.<\/p>\n<p>Los seguidores de Al&iacute; (chi&iacute;es) se apartaron entonces de la comunidad. Al principio, s&oacute;lo como una facci&oacute;n pol&iacute;tica, sin distinci&oacute;n doctrinal o religiosa. Pero en los a&ntilde;os siguientes, la evoluci&oacute;n del califato sun&iacute; y la reformulaci&oacute;n de algunas de las ense&ntilde;anzas recitadas por Mahoma a los memoriones motivaron que los chi&iacute;es comenzaran a distanciarse en cuestiones doctrinales y a ahondar en sus cr&iacute;ticas pol&iacute;ticas. La ascensi&oacute;n final de Al&iacute; al frente de la comunidad y su asesinato a manos de un sun&iacute; en la mezquita de Kufa (actual Irak) culminaron la escisi&oacute;n (fitna).<\/p>\n<p>Los chi&iacute;es se convirtieron as&iacute; en los parias del emergente islam, que se propagaba con celeridad hacia el Este y el Oeste. No era un movimiento organizado ni uniforme, sino m&aacute;s bien un sentimiento compartido. De vez en cuando se aglutinaba en torno a una figura destacada, pero sus principios y fundamentos variaban de grupo en grupo, de aldea en aldea. Fue en este tiempo cuando el contacto con comunidades cristianas y zoroastristas superficialmente islamizadas introdujo conceptos como la ocultaci&oacute;n y el retorno, claves para la transformaci&oacute;n del chiismo en corriente. M&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, los propios chi&iacute;es se escindieron. En el a&ntilde;o 756 falleci&oacute; Yafar al Sadiq, el sexto imam descendiente de Al&iacute;. Su hijo y sucesor se llamaba Ismael. Pero por razones no suficientemente bien conocidas &ndash;quiz&aacute; por su alianza con el extremismo&ndash;, el primog&eacute;nito fue desheredado a favor de Musa al-Kazim. Los que reconocieron los derechos de Ismael se convirtieron en ismael&iacute;es o septimanos. De ellos emanar&iacute;an despu&eacute;s grupos como los hashashim, inventores en el siglo XII del atentado suicida, o los actuales drusos libaneses. El resto son conocidos como duodecimanos, mayoritarios en la actualidad.<\/p>\n<p>Se instalaron en la antigua Persia y en los &uacute;ltimos 200 a&ntilde;os, proporcionalmente, han crecido m&aacute;s que los sun&iacute;es. No exentos de conflictos internos, han desarrollado una doctrina propia que ha culminado con la formulaci&oacute;n de la rep&uacute;blica isl&aacute;mica teocr&aacute;tica que fund&oacute; el ayatol&aacute; Jomeini en Ir&aacute;n, espejo para la mayor&iacute;a de movimientos chi&iacute;es actuales. Un proceso que, seg&uacute;n el historiador William McNeil, es comparable a la reforma protestante en Europa.<\/p>\n<p>Chi&iacute;es y sun&iacute;es coinciden en los tres elementos fundamentales de la religi&oacute;n isl&aacute;mica: Tawhid (unidad de Dios), Nubuwa (profec&iacute;a) y Maad (resurrecci&oacute;n). Sin embargo, los seguidores de Al&iacute; profesan otros dos preceptos ausentes en la doctrina sun&iacute;: Adl (la autonom&iacute;a del individuo frente a la justicia divina) e Imama (imamato). En la definici&oacute;n de las tres primeras, los chi&iacute;es introducen, asimismo, peque&ntilde;os detalles que, sin embargo, no tergiversan el concepto original, sino que lo ampl&iacute;an. En cuanto a la Imama, es el principio que diferencia a chi&iacute;es de sun&iacute;es. Para los seguidores de Al&iacute;, la teor&iacute;a del imam oculto que regresar&aacute; a finales de los tiempos para restablecer la justicia es pr&aacute;cticamente el numen de su existencia. Incluso llegan a eclipsar con ella fundamentos de la religi&oacute;n como la resurrecci&oacute;n, al conceder mayor importancia al retorno del duod&eacute;cimo imam.<\/p>\n<p>La fisura es igualmente dilatada en cuestiones de jurisprudencia como el divorcio (es m&aacute;s permisivo entre los sun&iacute;es), la peregrinaci&oacute;n (veneraci&oacute;n extrema por los lugares santos chi&iacute;es) y, sobre todo, en el principio de la taqiya (ocultaci&oacute;n de la fe cuando el fiel sienta en peligro su vida), fundamental en el chiismo y clave para su supervivencia frente a la tradicional beligerancia sun&iacute;.<\/p>\n<p>Existen tambi&eacute;n diferencias rituales con los sun&iacute;es, aunque m&iacute;nimas. La m&aacute;s relevante es la importancia que los chi&iacute;es le otorgan a la niyya (intenci&oacute;n). Cualquier rito, seg&uacute;n &eacute;stos, debe realizarse de forma pura, por amor a Dios y no por apariencia social o en espera de retribuciones como el para&iacute;so. La ch&iacute;a permite, adem&aacute;s, que la oraci&oacute;n diaria, que seg&uacute;n el Cor&aacute;n debe realizarse cinco veces al d&iacute;a, pueda quedarse en tres.<\/p>\n<p>&quot;Existe una &#8216;internacional&#8217; chi&iacute;&quot;<\/p>\n<p>No. La teor&iacute;a de un movimiento panchi&iacute; fue evocada por primera vez en p&uacute;blico a finales de 2004 por el rey Abdal&aacute; II de Jordania, pero carece de pilares s&oacute;lidos. El monarca jordano advert&iacute;a del peligro de una alianza chi&iacute; que extender&iacute;a sus tent&aacute;culos desde Ir&aacute;n &ndash;indiscutible coraz&oacute;n del chiismo&ndash; hacia L&iacute;bano para as&iacute; encerrar a Irak y Siria. Un discurso enmarcado en la pol&iacute;tica vasalla de Jordania, pa&iacute;s que, desde su fundaci&oacute;n en el albor del siglo XX, no ha dudado en amoldarse a la pol&iacute;tica de Occidente para sobrevivir. Similar inter&eacute;s mueve a Arabia Saud&iacute;, el r&eacute;gimen isl&aacute;mico m&aacute;s retr&oacute;grado que existe en la regi&oacute;n y numen de los movimientos extremistas musulmanes que azotan el planeta. Baluarte del sunismo radical, el wahabismo que domina en la cuna del islam ha combatido ideol&oacute;gicamente a Ir&aacute;n desde que el chiismo se alzara con el poder en el rico pa&iacute;s petrolero. Antes, en el siglo XIX, partidas de beduinos procedentes de Arabia Saud&iacute; asaltaron de forma regular las ciudades santas chi&iacute;es de Nayaf y Kerbala, razias que, parad&oacute;jicamente, animaron a las tribus &aacute;rabes iraqu&iacute;es a abrazar el chiismo. En 1980, la familia real Ben Saud contribuy&oacute;, junto a EE UU, a desencadenar la guerra entre Ir&aacute;n e Irak, y prest&oacute; ayuda al entonces dictador aceptado Sadam Husein. Consumada su ca&iacute;da, Arabia Saud&iacute; vuelve a mirar con aprensi&oacute;n hacia Mesopotamia, temerosa de que una eventual alianza entre el sur de Irak e Ir&aacute;n proporcione a los enemigos chi&iacute;<br \/>\nes unas reservas de petr&oacute;leo capaces de amenazar su supremac&iacute;a.<\/p>\n<p>Ambas monarqu&iacute;as obvian un factor decisivo: la atomizaci&oacute;n de la comunidad chi&iacute;, desperdigada por decenas de pa&iacute;ses en los que siempre son minor&iacute;a, excepto en Ir&aacute;n e Irak. Pese a que la ideolog&iacute;a y la estructura pol&iacute;tica de la rep&uacute;blica isl&aacute;mica fundada por el ayatol&aacute; Jomeini es la fuente de inspiraci&oacute;n y el modelo de la inmensa mayor&iacute;a de ellos, todas conservan dos caracter&iacute;sticas propias de la edad en la que el chiismo era todav&iacute;a un movimiento incipiente: preeminencia de la lucha nacional y fidelidad a una figura religiosa destacada. Desde que en 1501 la dinast&iacute;a Safavid fundara el primer Estado chi&iacute; de la historia, en las tierras del actual Ir&aacute;n, y los duodecimanos eclipsaran a los ismael&iacute;es, los seguidores de Al&iacute; se han repartido por todo el mundo. Existen grandes comunidades en Bahrein y el este de Arabia Saud&iacute;, en las monta&ntilde;as de Pakist&aacute;n, en Afganist&aacute;n y en el sur de L&iacute;bano. Chi&iacute;es son la mayor&iacute;a de los musulmanes que habitan en el subcontinente indio.<\/p>\n<p>La escuela usul&iacute; se impuso en el estertor del siglo XIX y fue llevada hasta sus &uacute;ltimas consecuencias por Jomeini. Ahora domina en todo el espectro chi&iacute;. Sin embargo, las diferencias entre sus disc&iacute;pulos evitan una concomitancia. El mayor disidente es el ayatol&aacute; Husein Fadlal&aacute;, uno de los fundadores ideol&oacute;gicos del grupo liban&eacute;s Hezbol&aacute;, y gu&iacute;a de una escuela con miles de seguidores desde el propio L&iacute;bano a Bahrein, India, Ir&aacute;n e Irak. No reconoce al gran ayatol&aacute; Al&iacute; Jamenei como sucesor de Jomeini. Instruido en la ciudad de Nayaf, centro del pensamiento chi&iacute; iraqu&iacute;, concibi&oacute; la invasi&oacute;n de Irak como una oportunidad para derrotar a la escuela rival iran&iacute; de Qom. En esta lucha interchi&iacute; deben interpretarse los asesinatos de cl&eacute;rigos chi&iacute;es &ndash;como el gran ayatol&aacute; Mohamed Baqer al-Hakim en agosto de 2003&ndash; ocurridos en Irak. Los chi&iacute;es tienen, no obstante, un hilo umbilical por el que transitan no s&oacute;lo las ideas, sino tambi&eacute;n la financiaci&oacute;n y las alianzas: es la ciudad santa iraqu&iacute; de Nayaf, a cuyo santuario, en el que se venera a Al&iacute;, acuden cada a&ntilde;o millones de fieles. La peregrinaci&oacute;n y el tr&aacute;fico de cad&aacute;veres para ser enterrados en el camposanto a los pies de la tumba del fundador del chiismo ha condicionado hist&oacute;ricamente las relaciones entre chi&iacute;es y, sobre todo, entre Irak e Ir&aacute;n, como lo hace en la actualidad.<\/p>\n<p>&quot;Los chi&iacute;es apoyan a Al Qaeda&quot;<\/p>\n<p>Todo lo contrario. Aparte del conflicto ancestral que los distancia &ndash;Al Qaeda es un movimiento eminentemente sun&iacute;&ndash;, ambos arrancan de concepciones contrapuestas, sobre todo en lo referido al controvertido t&eacute;rmino yihad (guerra santa). Esta palabra procede de una ra&iacute;z que en &aacute;rabe significa &quot;luchar o esforzarse&quot;, y exige al creyente agotar hasta el &uacute;ltimo aliento en la batalla contra los enemigos. En un contexto puramente isl&aacute;mico, abarca tanto el combate militar como la pelea del hombre contra las tentaciones.<\/p>\n<p>Tanto chi&iacute;es como sun&iacute;es coinciden en que la lucha contra el enemigo externo no puede ser abrazada hasta completar la yihad del alma contra las tentaciones. Para ambos es, adem&aacute;s, el camino hacia la vida, y nunca un v&iacute;a crucis que conduce a la muerte. Todo soldado de Dios que expire en su ejercicio tiene garantizada la vida eterna en el para&iacute;so. Los cl&eacute;rigos chi&iacute;es, sin embargo, dividen en dos la guerra santa. Para ellos existe una yihad ofensiva, definida como la confrontaci&oacute;n con los no musulmanes y la invasi&oacute;n de sus tierras por razones no vinculadas ni con la defensa de la tierra ni con una agresi&oacute;n previa. Este concepto fue adaptado por los primeros califas para justificar sus conquistas m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de Arabia. Desde entonces, las corrientes sun&iacute;es, en cuyo seno est&aacute; muy arraigada la noci&oacute;n de Umma (comunidad mundial de creyentes), orientan sus esfuerzos hacia el proselitismo y la propagaci&oacute;n del islam allende sus fronteras. Es la premisa que aliment&oacute; parte de la ideolog&iacute;a del wahabismo saud&iacute; y de su interpretaci&oacute;n m&aacute;s radical, de la que emana el ideario de Al Qaeda. Su guerra, dice, es global, como la guerra contra el terrorismo de Occidente. En los chi&iacute;es, sin embargo, est&aacute; arraigado el concepto de yihad defensiva, protecci&oacute;n leg&iacute;tima y obligada de las tierras del islam cuando media una agresi&oacute;n o invasi&oacute;n enemiga. Por eso, a lo largo de su historia han entablado la lucha armada en el interior de sus Estados, s&oacute;lo en defensa de su comunidad o de la idea nacional. Los chi&iacute;es iraqu&iacute;es entienden la invasi&oacute;n estadounidense como una agresi&oacute;n contra un tirano y no contra la comunidad de creyentes. Una invasi&oacute;n ileg&iacute;tima, s&iacute;, pero que les ayud&oacute; a recuperar su dominio. Por eso, no ha cuajado entre ellos la idea de resistencia, sino la de concomitancia con los intrusos hasta consolidar un poder que consideraban usurpado. Este ejercicio de malabarismo ideol&oacute;gico ha contribuido a ampliar la brecha con los sun&iacute;es y a abocar al pa&iacute;s al precipicio de la guerra fratricida.<\/p>\n<p>&quot;El chiismo facilita separar Iglesia y Estado&quot;<\/p>\n<p>En teor&iacute;a. No obstante, la ideolog&iacute;a desarrollada por el ayatol&aacute; Jomeini, ahora imperante entre los chi&iacute;es duodecimanos y cimentada en el concepto de Vilayat e-Fiqh (la autoridad en manos del jurista-te&oacute;logo), contiene v&aacute;lvulas de seguridad que garantizan la supremac&iacute;a de los cl&eacute;rigos sobre las instituciones civiles. Cuando en el siglo XIX se consolid&oacute; la preponderancia de la escuela usul&iacute; sobre la abjar&iacute;, surgi&oacute; una agria pol&eacute;mica en el seno de la primera. En lo &uacute;nico en lo que hab&iacute;an coincidido ambas era que, en ausencia del imam, la legitimidad de los gobiernos s&oacute;lo puede proceder de la ley com&uacute;n (en &aacute;rabe urf) antes que de la ley isl&aacute;mica.<\/p>\n<p>Para los chi&iacute;es, el Estado perfecto es una teocracia conducida por el imam. A falta de &eacute;ste, la autoridad terrenal no es ileg&iacute;tima, pero tampoco es de naturaleza divina.<\/p>\n<p>Desde el principio se reconocieron niveles entre los cl&eacute;rigos. Algunos juristas gozaban de conocimientos limitados, que les capacitaban para ejercer ciertas funciones pero no otras. En el siglo XVIII, diversos intelectuales sembraron la idea de que deb&iacute;a existir un &uacute;nico jurista, m&aacute;s dotado, a cuyo magisterio el resto deb&iacute;a someterse. De hecho, en aquella &eacute;poca el sistema ya funcionaba en esta direcci&oacute;n. En cada urbe, y en especial en la ciudad santa de Nayaf, descollaba un jurista supremo, al que escoltaba un grupo de cl&eacute;rigos, la mayor&iacute;a modelados de entre sus propios disc&iacute;pulos. Este maestro deb&iacute;a ser respetado e incluso imitado. Sin embargo, su preeminencia expiraba al tiempo que mor&iacute;a.<\/p>\n<p>Jomeini evolucion&oacute; y exprimi&oacute; los l&iacute;mites de esta idea hasta redefinirla completamente. Contradiciendo la ideolog&iacute;a medieval, reconfigur&oacute; la estructura de poder chi&iacute; y la convirti&oacute; en un sistema legal en el que el jurista-te&oacute;logo supremo se convierte en la m&aacute;xima figura pol&iacute;tica y jefe del Estado. Su innovador planteamiento sostiene que el cl&eacute;rigo que dirige el Estado no es simplemente el representante del imam esperado, sino a<br \/>\nlgo parecido a su sustituto. Con derecho, incluso, a interpretar la ley isl&aacute;mica fundamental (usul) y no s&oacute;lo la subsidiaria (furu), como se permit&iacute;a hasta entonces. Para ello, no dud&oacute; siquiera en apropiarse de conceptos de la jurisprudencia sun&iacute; con el objetivo de afianzar su ideolog&iacute;a. Adem&aacute;s, logr&oacute; que su magisterio superara su propio fallecimiento; las fetuas promulgadas por Jomeini &ndash;como la sentencia a muerte contra el escritor Salman Rushdie&ndash; son a&uacute;n respetadas. Su sucesor, el gran ayatol&aacute; Al&iacute; Jamenei, es igualmente marja i-taqlid (fuente de imitaci&oacute;n para los chi&iacute;es), m&aacute;ximo rango en la estricta escala de cl&eacute;rigos chi&iacute;es.<\/p>\n<p>&quot;Irak se convertir&aacute; en una teocracia como Ir&aacute;n&quot;<\/p>\n<p>S&iacute;, si se divide. Si la guerra civil estalla definitivamente en toda su crudeza y la divisi&oacute;n se consolida, el sur de Irak s&iacute; podr&iacute;a transformarse en una teocracia similar a la que domina en Ir&aacute;n. Los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os han visto una sangrienta lucha fraticida tambi&eacute;n en el seno del chiismo iraqu&iacute;. La victoria provisional ha sido para la Asamblea Suprema de la Revoluci&oacute;n Isl&aacute;mica, el grupo fundado a la vera de Jomeini por el fallecido ayatol&aacute; Mohamed Baqer al-Hakim, asesinado en agosto de 2003. Pese a su desaparici&oacute;n, los iraqu&iacute;es iran&iacute;es, imbuidos de la revoluci&oacute;n isl&aacute;mica durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de exilio, han conseguido sobreponerse con la ayuda de Teher&aacute;n. A su discurso pol&iacute;tico, sagazmente revestido de moderaci&oacute;n, se han sumado tanto el partido radical Al-Dawa &ndash;el m&aacute;s violento en los a&ntilde;os de dictadura&ndash; como el influyente e inexperimentado cl&eacute;rigo M&uacute;qtada al S&aacute;der, aleccionado a marchas forzadas en los valores del jomeinismo en escuelas de Ir&aacute;n y L&iacute;bano.<\/p>\n<p>&quot;Siempre ser&aacute;n los grandes parias del islam&quot;<\/p>\n<p>Ya no. El chiismo, desde su escisi&oacute;n definitiva en tiempos del califato de Al&iacute;, ha sido una corriente minoritaria sometida a la represi&oacute;n sun&iacute;. Como muy acertadamente se&ntilde;ala el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski en su libro El Sha, &quot;el chi&iacute; es, antes que nada, un opositor implacable&quot;. S&oacute;lo en contadas ocasiones, como durante la dominaci&oacute;n de la dinast&iacute;a Safavid en la antigua Persia (siglo XV) y el r&eacute;gimen de los ayatol&aacute;s en el actual Ir&aacute;n, los seguidores de Al&iacute; han logrado desprenderse del yugo sun&iacute;. En el siglo XVIII, Nadir Sha se vali&oacute; de tribus afganas para conquistar Mesopotamia y trat&oacute;, sin &eacute;xito, de convencer a los cl&eacute;rigos chi&iacute;es de que abrazasen la ortodoxia y transformaran el chiismo en la quinta escuela de jurisprudencia sun&iacute;. Para ello, convoc&oacute; un congreso de ulemas y orden&oacute; recubrir de oro la c&uacute;pula de la mezquita del imam Al&iacute; en Nayaf.<\/p>\n<p>La dominaci&oacute;n sun&iacute; ha sido habitual incluso en los territorios donde los chi&iacute;es tradicionalmente han sido mayoritarios, como ocurri&oacute; en Irak y actualmente sucede en Bahrein y Azerbaiy&aacute;n. Fuera de las fronteras de Ir&aacute;n, ninguna comunidad chi&iacute; ha disfrutado de su propio Estado. &Uacute;nicamente en India, el Estado de Awadh goz&oacute; de libertad durante cerca de un siglo. En L&iacute;bano, Afganist&aacute;n, Arabia Saud&iacute; y Pakist&aacute;n son minor&iacute;as m&aacute;s o menos sujetas a la sandalia sun&iacute;. En este &uacute;ltimo pa&iacute;s, se han convertido en la comunidad chi&iacute; m&aacute;s numerosa del mundo despu&eacute;s de Ir&aacute;n, pero la divisi&oacute;n interna, que se remonta a 1947, evita que puedan asaltar el poder, aunque tengan un relativo peso espec&iacute;fico.<\/p>\n<p>Los chi&iacute;es han sufrido, asimismo, la marginaci&oacute;n social. Tradicionalmente, han poblado el escalaf&oacute;n m&aacute;s bajo en la pir&aacute;mide econ&oacute;mica y se han visto relegados a vivir en el campo o en guetos. Este estatus, unido a los 13 siglos de persecuciones que jalonan su odisea, les ha modelado un car&aacute;cter peculiar: suelen ser perseverantes, pacientes, con gran capacidad de sufrimiento, desconfiados, determinados y fieros. Incluso despiadados cuando se les han instado al combate. Y con ciega vocaci&oacute;n por el martirio, ya que sus fundadores perecieron asesinados. Extinguidos, gracias a la pujanza de Ir&aacute;n, los tiempos en que deb&iacute;an ocultar su fe para no ser atacados, aspiran a un renacer que les conduzca a su &eacute;poca m&aacute;s dorada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Chii: Son una minoria: el 15% de los 1.500 millones de musulmanes que hay en el<br \/>\nmundo. 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